Sentir que estás solo en el mundo. Percibir que estás más solo aún, en el vacío. Recuerdas durante un segundo tu promesa de vivir por encima de cualquier circunstancia. Vuelves a rememorar que te adentraste en el monte para experimentar la sensación de estar sin nadie. Te viene a la mente tu identidad, quién eres y retornas al pensamiento inicial, antes de internarte en el monte: en realidad deseas olvidar tu forma de ser. No te gustas cómo eres, quieres cambiar y no puedes.
De pronto quieres ser otro, sólo lo piensas y ya eres otro. Optimista, desenfadado, alegre, con ganas de vivir y como un relámpago te llega la urgencia de querer compartirlo. Enciendes tu móvil, te conectas a internet y buscas a alguien por la Red. Me encuentras, te respondo. Te llenas de satisfacción por abandonar tu aislamiento, por ser otro. Yo te reconozco en la distancia y te acepto como eres, pero me gustaría verte, quedar contigo para que me cuentes tu descubrimiento. Aceptas mi propuesta, mientras me dices que lo haces para dejar de estar solo.

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