viernes, 25 de abril de 2008

Descubrirte

Sentir que estás solo en el mundo. Percibir que estás más solo aún, en el vacío. Recuerdas durante un segundo tu promesa de vivir por encima de cualquier circunstancia. Vuelves a rememorar que te adentraste en el monte para experimentar la sensación de estar sin nadie. Te viene a la mente tu identidad, quién eres y retornas al pensamiento inicial, antes de internarte en el monte: en realidad deseas olvidar tu forma de ser. No te gustas cómo eres, quieres cambiar y no puedes.

De pronto quieres ser otro, sólo lo piensas y ya eres otro. Optimista, desenfadado, alegre, con ganas de vivir y como un relámpago te llega la urgencia de querer compartirlo. Enciendes tu móvil, te conectas a internet y buscas a alguien por la Red. Me encuentras, te respondo. Te llenas de satisfacción por abandonar tu aislamiento, por ser otro. Yo te reconozco en la distancia y te acepto como eres, pero me gustaría verte, quedar contigo para que me cuentes tu descubrimiento. Aceptas mi propuesta, mientras me dices que lo haces para dejar de estar solo.

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