La tercera ley del escritor y científico británico Arthur C. Clarke, que falleció el pasado 19 de marzo, es que toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Aplicando por ejemplo la ley de Clark a los ordenadores es fascinante comprobar cómo una máquina puede realizar tareas inteligentes y cómo los usuarios de éstas lo percibamos como algo normal. A veces estas normalidades quitan dimensión a la realidad.
Yendo un poco más allá, experimentando el misterio de la comunicación por internet puede suponer una de las sensaciones más mágicas de la historia. Ser un ser humano digital y conectado a cualquier punto del Planeta siempre y desde los lugares más insospechados y sin límiete temporal, no es ya sólo una situación mágica, sino que además supone un gran misterio viéndolo como si fuera la primera vez.
Los ordenadores e internet han creado una sociedad digital que no piensa sobre las cosas que le acontecen. Si de verdad pensara esta sociedad lo que significan los nuevos modelos de comunicación digital, dejaría de montar guerras y masacres para concentrarse en descubrir el por qué nos estamos convirtiendo en hombres digitales con múltiples personalidades.
lunes 28 de abril de 2008
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