Dar marcha atrás, retroceder en el tiempo, mirar por el retrovisor, y vagamente, descubrir la Iglesia primitiva. Así, la iglesia Católica, con Bendicto XVI a la cabeza, ha dejado atrás el movimiento de de modernización iniciado por el Papa Juan XXIII y plasmado en su último Concilio Vaticano II. El Papa Ratzinger publicó su segunda encíclica, Spe salvi, en la que defiende que la fe es esperanza no de cambios o bienes en esta vida, sino fe en que tras la muerte podremos acceder a la vida eterna Celestial si hemos sido unos buenos sufridores católicos en la Tierra.
El Concilio Vaticano había reconocido la realidad del progreso social, de los cambios que sufre la sociedad debido a los cambios que originan la realidad de que unos muchos aspiran a tener lo que unos pocos tienen. Sin embargo, el actual Papa regresa a un antiguo esquema antimoderno y culpa al proceso de los tiempos modernos de la crisis moral que sufre la sociedad actual.
Las nuevas tecnologías de la Sociedad de la Información son hoy el referente de motor del cambio, del progreso. Por supuesto, que para Benedicto XVI, los avances tecnológicos y las innovaciones pueden representar un especide de mal ya que no procuran el bien para los ciudadanos y siembran la duda y el desasosiego en las personas inquietas.
Sabe bien la iglesia Católica de hoy que la mayoría de los ciudadanos aspiramos a la Sociedad del Conocimiento, a la luz, a la felicidad, al amor, a desear para los demás lo mismo de bueno que para nosotros. También sabe el bien que hizo al mundo el Concilio Vaticano II, entonces, por qué gira su altar a la noche oscura. Quizás porque a la luz del siglo XXI se transparentan sus partes más initimas.
domingo, 20 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario